Este brazo no es mío

agnosias

Cuentan los que le conocieron que el Che Guevara era un negado para la música. Y eso que le encantaba. De pequeño, en la escuela, le sacaban cada dos por tres de la fila porque desafinaba al cantar. En las fiestas pedía a sus amigos que le dijeran qué ritmo estaba sonando, y es que era capaz de bailar un tango cuando lo que tocaban era una samba, como aparece en la película Diarios de una motocicleta. E incluso tenía dificultades para distinguir el himno del 26 de julio, un canto de rebeldía cubana, de La Internacional, la canción más famosa del movimiento obrero.
La torpeza del Che no era más que una manifestación de su amusia o sordera musical, un deterioro de la capacidad para discriminar las características básicas de las notas y los matices musicales. Algo que padece de nacimiento un 4% de la población, incluso músicos profesionales. Aunque las auditivas son algunas de las más frecuentes, el abanico de agnosias es de lo más amplio.

Publicado en la revista Redes en mayo de 2012
Puedes leer el reportaje aquí

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