Mateo Valero: “Los computadores te permiten soñar”

Publicado en Público en enero de 2009

Mateo Valero. Foto: Edu Bayer

Mateo Valero. Foto: Edu Bayer

A Mateo Valero (Zaragoza, 1952) le gusta definirse como “un 4.000”. “Son menos de las horas que trabajo al año”, dice riéndose en su despacho del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), centro nacional dedicado a investigar, desarrollar y gestionar tecnología para el progreso científico. A unos metros de allí una antigua capilla de principios del siglo XX alberga en su interior el MareNostrum, un supercomputador de IBM que desde su nacimiento, en 2004, ha dado soporte a más de 600 proyectos de investigación en áreas de Ciencias de la Vida y de la Tierra, Biomedicina, Química, Ingeniería, etc. Valero huye de los halagos, pero lo cierto es que cuenta con una larga lista de premios en el campo de la arquitectura de computadores.

¿En qué consiste su trabajo?

Los arquitectos de computadores diseñamos estas máquinas, estamos en medio de la tecnología, de los transistores, unos pequeños dispositivos que sirven para amplificar la señal, y las aplicaciones. Durante 40 años la tecnología nos ha permitido tener, cada 18 meses, transistores el doble de potentes y la mitad de pequeños. Es la llamada Ley de Moore.

¿Existe un límite?

Sí, lo tendremos en 10 años. En el espacio de un procesador en el que antes poníamos un transistor, ahora ponemos un millón. Y se piensa que en el sitio de cada uno de ellos todavía podremos poner entre 32 y 64 transistores, pero no más. Al ser más pequeños, los transistores pueden trabajar más rápido, pero producen mucho calor y se queman. Y aún hay otro problema. En un sistema de computador tenemos el procesador, compuesto por los transistores integrados en una placa de silicio, y una jerarquía de memorias. Podemos hacer un procesador mucho más rápido, pero la tecnología no permite que la memoria sea más rápida.

¿Cuál es el gran reto?

Si queremos hacer cálculos más rápidos y no podemos producir procesadores más rápidos, tenemos que conseguir que colaboren entre ellos. La programación en paralelo será una necesidad hasta para los ordenadores domésticos. En lo que trabajamos ahora es en poner más de un procesador en el mismo espacio. Por ejemplo, el chip de la PlayStation, el Cell, lleva dentro nueve procesadores. Sería mejor uno que fuera nueve veces más rápido, pero no podemos hacerlo. Uno de ellos es de propósito general, ejecuta cualquier aplicación al mismo rendimiento, y los ocho restantes son sus “esclavos”, cada uno de ellos especializado en un cálculo concreto.

En noviembre de 2004, el MareNostrum era el primer supercomputador europeo en potencia y cuarto a nivel mundial. Ahora está en el 11 y el 40 del ranking…

Ha ido bajando posiciones, pero de manera progresiva. Este computador tiene dos problemas básicos. Uno, que el espacio de la capilla es finito, nos tenemos que acomodar a él. Y el segundo, que por muchas máquinas potentes que tuviéramos, no podríamos disipar el calor. También existe otra limitación tecnológica, y es que no podemos tener más procesadores; ahora estamos en 10.240.

¿Ésto es lo que hace que sea un supercomputador?

No, lo que hace que sea un supercomputador es la velocidad de interconexión. Si juntáramos todos los PCs de este edificio tendríamos más procesadores y más memoria, y por tanto, mayor potencia de cálculo. Los podríamos conectar a través de internet para que se enviaran datos entre ellos. Pero el tiempo que se tarda desde que uno envía el primer bit hasta que otro lo recibe, lo que llamamos latencia, es muy grande y retrasa el trabajo. Además, en la memoria de un PC no cabe la representación de un avión, por ejemplo, y en un supercomputador sí.

¿Es posible actualizar el MareNostrum?

Hace dos años hicimos una actualización con procesadores de propósito general, y ahora trabajamos con procesadores como los de la PlayStation para que, con el mismo espacio, tengamos 100 veces más potencia. Ya hemos hecho un prototipo, con el que podríamos volver al puesto seis o siete del mundo, pero existe un problema económico.

El centro está gestionado por organismos públicos. ¿Es rentable una máquina como ésta?

De cada euro que nos han dado para investigar, hemos conseguido cuatro. Y me atrevería a decir que no hay ningún centro en Europa o incluso en América que haya conseguido algo así. El 40% del presupuesto de investigación proviene de empresas, el 30% de proyectos europeos, el 20% de lo que nos dieron y el 10% de proyectos españoles. Por tanto, ha sido un éxito tremendo.

¿Cuáles son las aplicaciones?

Con el MareNostrum se ha estudiado la influencia del viento en las alas de los Airbus, la evolución del Universo, el cambio climático, cómo actúa un fármaco, la simulación de células vivas, el impacto de la medida de reducir la velocidad a 80 km/h en las vías de acceso a Barcelona… Con Repsol, por ejemplo, hemos desarrollado un software basado en el Cell para recoger información cuando se analiza un terreno para ver si hay petróleo. Nunca lo hubiéramos conseguido si los computadores no evolucionaran. La gente no se imagina que en su PC tendrá una potencia sólo dos o tres veces menor que la del MareNostrum. Los computadores te permiten soñar, son las máquinas más maravillosas que ha producido el hombre.

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