El misterio de las fuentes del Nilo

Publicado en Historia y Vida

 

La mañana del 16 de septiembre de 1864, la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia lo tenía todo a punto para celebrar el “Duelo del Nilo”. Todo, excepto que uno de los dos participantes del debate abierto sobre el origen de las fuentes de este río no aparecía. Burton aguardaba de pié la llegada de su contrincante, y repasaba impaciente sus notas preguntándose dónde andaría Speke. A los 25 minutos, el silencio se apoderó de la sala. Una nota anunciaba que el capitán había perdido la vida a causa de un disparo accidental. “¡Dios mío, Jack se ha suicidado!”, dicen que exclamó Burton.

En efecto, la tarde anterior, Speke, gran amante de la caza, había salido al campo escopeta en mano con su primo George y un guardabosque. Los dos primeros disparos los realizó contra unas perdices. Más tarde se oyó un tercero, pero esta vez contra él mismo. George lo encontró tirado en el suelo con una herida en el pecho que sangraba abundantemente. Corrió a buscar ayuda, pero cuando volvió, ya estaba muerto. La versión oficial fue que Speke había intentado trepar un muro con la escopeta a cuestas y se había disparado sin querer. Pero no todos la creyeron, y los rumores sobre que se había quitado la vida empezaron a correr como la pólvora.


Suicidio o accidente, el caso es que Burton arrastraría el sentimiento de culpabilidad durante toda su vida. Si él hubiera admitido desde el principio que Speke era el verdadero descubridor del origen del río Nilo, si no hubiera llevado el asunto hasta aquella sala donde iba a tener lugar el debate, quizás el capitán todavía estuviera vivo. Pero las rencillas duraban ya demasiado tiempo, justo desde que los dos exploradores comenzaran su aventura por el Continente Negro para desvelar el secreto geográfico mejor guardado.


El río divino

Desde épocas remotas, el Nilo ha tenido una enorme trascendencia social y económica. La civilización egipcia debe su desarrollo a la fertilidad de este río, fuente inagotable de recursos. Su abundante caudal y las inundaciones periódicas proporcionaron un entorno ecológico privilegiado que atrajo a cazadores y pastores nómadas a sus orillas, quienes cultivaron cosechas y se abastecieron de alimentos. Durante mucho tiempo se pensó que las crecidas, que tienen lugar en el período más seco y cálido del año, eran un milagro, una bendición, de ahí que el río fuese divinizado.


A pesar de que Herodoto fue el primer europeo que se adentró en el Nilo para investigar el origen de sus fuentes, en el 450 a.C., Europa no se tomó en serio el asunto hasta el siglo XIX, cuando medio mundo ya había sido explorado. El interés fue creciendo gracias a los descubrimientos de tres misioneros anglicanos. El 11 de mayo de 1848, Johann Rebmann informó de que había divisado una enorme montaña nevada, sin saber que era el primer europeo que contemplaba el Kilimanjaro, el punto más elevado de África. Johann Ludwig Krapf encontró el macizo del monte Kenia un año más tarde, y Jacob Erhardt, a su vez, situaba un lago de enormes dimensiones en la región de Uniamwezi.


Los mapas dibujados por los tres misioneros curiosamente se asemejaban mucho al trazado por Claudio Tolomeo en el siglo III a.C. El famoso geógrafo de la Antigüedad situó en el centro de África dos enormes lagos (Victoria y Alberto) de los que manaban las aguas del Nilo, así como las llamadas montañas de la Luna. La Sociedad Geográfica de Londres resolvió, entonces, patrocinar una expedición. Burton y Speke, dos oficiales británicos que prestaban servicio en la Compañía de las Indias Orientales, fueron los elegidos para encabezarla, con el primero de ellos como jefe oficial.


Dos hombres y un destino

Richard Francis Burton, nacido en 1821 y apodado “El Diablo”, era un hombre alto, guapo y tremendamente inteligente: era militar de carrera, pero también fue escritor, traductor de textos orientales, científico, diplomático, agente secreto del gobierno. Llegó a dominar 29 lenguas, y afirmaba que era capaz de aprender una nueva en sólo seis semanas. Incluso convivió con un grupo de monos durante unos meses para interpretar sus ruidos y elaborar un breve diccionario de frases simiescas. Fue el primer europeo no musulmán en entrar en La Meca haciéndose pasar por un vagabundo, y a él se le atribuye el haber dado a conocer la existencia del “Kama Sutra” en el Viejo Continente.

 

Richard Burton

Richard Burton

 

John Hanning Speke era su antítesis. Tenía seis años menos que Burton y un interés inexistente por las actividades intelectuales. Odiaba la lectura y lo achacaba a que durante la infancia sufría con frecuencia fuertes ataques de oftalmía. La única afición conocida de este hombre introvertido era la caza.

 

John Speke

John Speke

 

Pero ahí estaban ambos, dos hombres completamente diferentes con el mismo destino. “Obtuve autorización para organizar en la comarca de Zanzíbar una expedición cuyo principal objeto era determinar los límites del lago llamado mar de Ujiji, examinar las diversas producciones de aquella región casi desconocida y estudiar el carácter y las costumbres de sus habitantes. Con este objeto, la Compañía de las Indias, a petición de la Sociedad Geográfica, me había concedido dos años de licencia, y el Ministerio de Negocios Extranjeros me acordó una subvención de veinticinco mil francos”, cuenta Burton en sus diarios.

 

El escarabajo negro

El 19 de diciembre de 1856, Burton y Speke llegaban a la isla de Zanzíbar, la “tierra de los negros” o “Nigricia”, procedentes de Bombay. Allí estuvieron medio año preparando meticulosamente la ruta antes de adentrarse en el continente a través de Bagamoyo. El 25 de junio de 1857, una comitiva formada por 132 hombres y numerosos animales de carga se ponía en marcha al fin. Pronto llegaron las enfermedades, como las temidas fiebres, que les acompañaron a lo largo del año y medio que duró la expedición. Burton y Speke jamás recuperarían del todo la salud, amenazada continuamente por todo tipo de dolencias.

Una noche, por ejemplo, a Speke se le introdujo en la oreja un escarabajo negro mientras dormía. No se le ocurrió mejor idea que matarlo con un cuchillo, provocándose una herida tan profunda que acabó desencadenando en un tumor que lo dejó prácticamente sordo de un oído durante varios meses. Burton, por su parte, estuvo un tiempo ingiriendo sólo líquidos a causa de una úlcera en la boca. Aun así, los dos exploradores parecían llevar a cabo una competición de resistencia física y moral, ya que ninguno de los dos dio su brazo a torcer para abandonar la expedición. Es más, cada uno anotaba en su diario los achaques del otro, exagerándolos, para descargar el odio mutuo que se profesaban casi desde que se conocieron.


La decepción del Tanganica

En Kaze (actual Tabora), los árabes les aseguraron que siguiendo hacia el norte se toparían con enormes masas de agua. El Diablo cometió el error de hacer caso omiso a las indicaciones y siguió la trayectoria hacia el oeste convencido de que el Nilo tenía allí su origen. El 13 de febrero de 1858, la comitiva alcanzó a ver un lago, no sin decepción. Según explica el mismo Burton en el diario de la expedición: “La disposición especial de los árboles y la circunstancia de que el sol no alumbraba más que una parte del lago reducían de tal manera su extensión que no pude menos de reprocharme haber arriesgado mi vida y sacrificado mi salud por algo tan pequeño”.


A punto estaba ya de abandonar cuando decidió detenerse un momento más ante aquel paisaje. Y prosigue: “La esperanza, sin embargo, me hizo avanzar. La escena se desarrolló entonces ante mis ojos, y caí en una especie de éxtasis que sólo pueden comprender los que se han visto en un caso semejante”. Burton se había convertido en el primer hombre blanco que contemplaba el lago Tanganica. “Fue aquello un verdadero delirio para el alma y un vértigo para los ojos. Lo olvidé todo, absolutamente todo, peligros, fatigas, enfermedades e incertidumbres del regreso. Confieso sinceramente que hubiera aceptado el doble de los males que hasta allí habíamos tenido que sufrir”.


Como el descubrimiento del Tanganica no implicaba que el Nilo naciera en él, Burton y Speke se instalaron en Ujiji, una población a orillas del lago, para reconocer su sector nororiental desde allí. Y de allí, a las comarcas de la parte septentrional, de donde llegaban rumores de que encontrarían el río buscado, conocido localmente con el nombre de Ruzizi. Los tres hijos de Maruta, jefe de una pequeña aldea, aseguraban haber estado en el extremo norte del lago, pero también estaban convencidos de que el Ruzizi no manaba del lago, sino al revés: desaguaba en él. “Me sentí desfallecer. Me veía obligado a renunciar al hermoso sueño que había concebido. Sin embargo, no renuncié al proyecto de explorar la parte septentrional del lago. Pero, cuando expresé este deseo, nadie quiso acompañarme”. No es de extrañar, pues era bastante probable que por aquella zona murieran devorados, o bien por los cocodrilos, o bien por los caníbales.


¿El misterio resuelto?

A la caravana no le quedó más remedio que iniciar el viaje de regreso, haciendo un alto, primero en Ujiji, y meses después en Kaze en espera de recibir provisiones y recuperarse del agotamiento. Los árabes seguían insistiendo en que el lago situado a quince días de camino hacia el norte era mucho mayor que el Tanganica. El capitán, además de sordo, se había quedado medio ciego, pero le podía más la curiosidad y las ansias de protagonismo que su propia salud. Estaba dispuesto a corroborar esos rumores, y Burton, inexplicablemente, le dio permiso para emprender la marcha.


Así justificó su decisión: “El capitán, a quien el reposo y la comodidad relativa de nuestra nueva morada finalmente le devolvieron las fuerzas, parecía hallarse en condiciones para cumplir esta misión, tanto más cuanto que su presencia en Kaze me era, por otra parte, completamente inútil”. El Diablo no podía soportar que su compañero despreciase la cultura y las costumbres de los pueblos y que tratase como esclavos a sus habitantes.


Pero cometió un error. El 3 de agosto de 1858, Speke alcanzaba triunfal las márgenes del lago Nyanza, al que bautizó como Victoria en honor a su reina. Estaba absolutamente convencido de que allí manaban las aguas del río Nilo, a pesar de que sólo investigó sus orillas durante tres días. El odio de Burton hacia el capitán cuando éste le comunicó la noticia se hizo evidente: “Los argumentos que añadía a favor de su descubrimiento resultaban más débiles que su convicción, y eran de la misma naturaleza que los de Lucita con Sir Proteo: ‘Creo que es así, porque así lo creo’”.


El fatal desenlace

En efecto, la teoría de Speke no se sostenía por ninguna parte, pero cuando en Zanzíbar se puso punto final a la expedición después de dos años, el capitán se las ingenió para regresar a Londres antes que su compañero (segundo error de Burton) para informar de su hazaña. Y en la Real Sociedad Geográfica la recibieron eufóricos, evidentemente. Tanto es así, que en sólo unos días Speke se había hecho famoso, la gente se agolpaba para escuchar sus conferencias, y ya tenía un encargo para regresar a África con el objetivo de explorar más a fondo las fuentes del río divino. Pero con el capitán James Augustus Grant, no con Burton, quien, después de verse completamente ignorado por la sociedad londinense, se refugió en el alcohol en Estados Unidos.

Así fue como en octubre de 1860, Speke desembarcó de nuevo en Zanzíbar para alcanzar un año más tarde la orilla del lago Victoria y seguir una de las corrientes que salían de él. En Nilo brotaba, en efecto, del Victoria, en forma de cataratas, a las que Speke llamó cataratas de Ripon en honor esta vez de un dirigente de la Real Sociedad Geográfica de Londres. La misma institución que lo recibió con honores el 22 de junio de 1863. Se cuenta que el salón de conferencias estaba tan lleno de gente, que los cristales de algunas ventanas saltaron en pedazos.

El Diablo dedicó todo su empeño en demostrar que las teorías de su rival carecían de todo rigor científico. Speke había estado siguiendo una corriente que perdía de vista en numerosas ocasiones. ¿Cómo sabía que no se trataba de la corriente de diferentes ríos? ¿Por qué presuponía que las cataratas de Ripon eran el nacimiento del Nilo si no siguió su cauce? El capitán ni siquiera había circunnavegado el perímetro. Las fervientes críticas de Burton dividieron la opinión de la sociedad en dos bandos. ¿Cuál de los dos exploradores tenía razón? Para resolver de una vez por todas el dilema, la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia propuso un debate abierto. El día anterior a la celebración del “Duelo del Nilo”, Burton y Speke, que llevaban cinco años sin verse, coincidieron en una de las salas del edificio. Se negaron el saludo. Esa misma tarde, Speke perdía la vida.


“EL DR. LIVINGSTONE, SUPONGO”

John Hanning Speke había muerto de forma inesperada y el misterio de las fuentes del Nilo seguía sin estar del todo claro. Así que se resolvió una nueva expedición, esta vez a cargo de David Livingston, gran conocedor de las tierras africanas. El famoso doctor era más partidario de las teorías de Burton que de las de su contrincante, a pesar de que su persona no le hacía la más mínima gracia. El asunto llegó a obsesionar tanto a Livingston, que sus delirios, además del desgaste físico, eran cada vez más frecuentes.


Después de años de intensa búsqueda alrededor del Tanganica, sólo había conseguido descubrir el nacimiento del río Luapula, el afluente principal del Alto Congo. El mundo entero le había perdido la pista por completo, por eso James Gordon Bennett hijo, director del periódico New York Herald, envió a uno de sus periodistas, Henry Morton Stanley, en su busca.


Cuando Stanley encontró a doctor en Ujiji, pronunció la célebre frase “El doctor Livingstone, supongo”, a lo que él respondió simplemente con un “sí”. El periodista estaba ávido de hacerle una entrevista y regresar a casa, pero la personalidad de Livingstone lo deslumbró. Juntos exploraron el río Tanganica y demostraron que la teoría de Burton era falsa. Tras la muerte del doctor en 1873, Stanley quiso reemprender sus investigaciones a toda costa. Y para ello contó con la caravana más grande que jamás se había visto. El ex periodista circunnavegó el Victoria y cercioró que se trataba de un único lago y de que las cataratas de Ripon eran su único desagüe. Speke estaba en lo cierto, pero no se supo hasta 1875. Más tarde, Stanley atravesó África de costa a costa (del Índico al Atlántico) y se convirtió en el primer hombre blanco en recorrer al completo el río Congo y resolver el misterio de sus fuentes.


PARA SABER +

BURTON, SIR RICHARD. “Las Montañas de la Luna. En busca de las fuentes del Nilo”. Madrid: Valdemar, 2000.

JAYME, JAVIER. “Pioneros de lo imposible. Hitos de la exploración contemporánea”. Madrid: Alianza Editorial, S.A., 2005.


DVD

LLOMPART, JORDI. “El misterio del Nilo”. Orbita Max, S.L, y MacGillivray Freeman Films, S.A. 2005. (Fue la primera película española en formato IMAX).

4 comentarios en “El misterio de las fuentes del Nilo

  1. SUNCA dijo:

    SALUDOS ANABEL. QUIERO FELICITARTE POR TU BLOG, PERO ADEMÁS ME SIRVE DE REFERENCIA. vÍ LA PELÍCULA ME ENCANTÓ.
    AUNQUE SERÉ HONESTA ME INICIO EN ESTO DE LOS BLOGS, Y HABLÓ DEL CONTINENTE. SIN EMBARGO, LO DEL MISTERIO DEL NILO FORMIDABLE TU BÚSQUEDA, PERO TODAVÍA NO ME CONFORMO CON EL TÉRMINO NIGRICIA , ¿ DE DÓNDE SALDRÍA ? BUSCO ARTÍCULOS ACADÉMICOS, SE QUE RE REFIERE A ÁFRICA NEGRA, PERO FÍJATE , EXISTEN VARIAS TERMINOLOGÍAS NIGRICIA ORIENTAL, NIGRICIA OCCIDENTAL. QUIERO AHONDAR MÁS . GRACIAS POR EL EJEMPLO DE TU BLOG ME PERMITES PONER ESO EN EL MÍO? ÉXITOS, BUENA SUERTE PARA TÍ. CHAOOOO

    • anabelherrera dijo:

      Hola!

      Gracias por tus felicitaciones. Puedes poner la información en tu blog, por supuesto. Mucha suerte con tu búsqueda del origen del término “negricia”!

      Un abrazo,

      Anabel

  2. xUBANE m. gOIRIZELAIA dijo:

    ESTUPENDO BLOG Y ESTUPENDA NOTICIA. ME SUMO A LA PASIÓN EGIPTOMANIACA CON UNA RECOMENDACIÓN. ACABO DE LEER “EL AMANTE DE NEFERTITI”, DE ALVARO BERMEJO, Y HA SUPUESTO TODO UN DESCUBRIMIENTO PARA MÍ. PROPONE UN VIAJE DESDE EL CAPRI DE 1920 AL ANTIGUO EGIPTO, EN BUSCA DEL SARCÓFAGO DE NEFERTITI. LOS PROTAGONISTAS PROMETEN: AGATHA CHRISTIE, DH LAWRENCE Y EL SATÁNICO ALEISTER CROWLEY. LA NOVELA LO TIENE TODO: MAGIA, MISTERIO, CONOCIMIENTO, Y UNA HISTORIA DE AMOR DESGARRADA, SECA, INTENSA, CON UN FINAL DE LOS QUE TE CORTAN EL ALENTO. NO OS LA PERDAIS

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