Medicina para astronautas

Publicado en Público en febrero de 2009

Sergi Vaquer y Arnau Rabadán

Sergi Vaquer y Arnau Rabadán. Foto: Edu Bayer

 

En condiciones normales, un fármaco potente como la morfina, usado en medicina como un potente analgésico, ayuda a aliviar el dolor del paciente. ¿Pero qué pasa si el paciente se encuentra a miles de kilómetros, a bordo de una nave espacial? Los astronautas disponen de todo tipo de medicamentos, pero en realidad no los usan porque, en gravedad cero, se desconoce cómo reaccionaría el cuerpo humano. Una dosis habitual de morfina perfectamente podría resultar catastrófica.

Sergi Vaquer, médico residente y estudiante de doctorado de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), de 26 años, y Arnau Rabadán, estudiante de Ingeniería Técnica Industrial Mecánica de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), de 22, se han propuesto arrojar un poco de luz sobre esta cuestión. El próximo otoño participarán, junto con otros tres equipos de estudiantes seleccionados por la Agencia Espacial Europea (ESA), en “¡Vuela con tu tesis!”, una campaña de vuelos parabólicos a bordo del Airbus A300 Zero-G. El objetivo: investigar cómo cambia la depuración de los fármacos en condiciones de microgravedad.

 

“Nos dimos cuenta –explica Sergi- de que se habían estudiado muchos factores que afectan al metabolismo de los fármacos en el espacio, pero nunca el de los transportadores ABC, unas proteínas que están en las membranas de las células y que las depuran de medicamentos”. En el cuerpo humano existen numerosas proteínas ABC, alrededor de 47 transportadores diferentes, en las barreras celulares de órganos como el intestino, el riñón o el hígado. Una de sus funciones es eliminar sustancias tóxicas de las células, una acción que no siempre es deseable. En el caso de las drogas de la quimioterapia, por ejemplo, los transportadores las expulsan de las células y no permiten que hagan su efecto. “Si por alguna razón la gravedad es capaz, como sospechamos, de alterar el funcionamiento de estos transportadores, se abrirá una nueva era de investigación espacial que podrá ayudar en gran medida a diseñar más y mejores fármacos contra el cáncer”.

Así pues, el experimento también puede tener una utilidad médica directa para los pacientes en tierra. Y es que, en microgravedad, según cuenta Javier Ventura-Traveset, jefe de la Oficina de Comunicación y Educación de la ESA en España y Portugal, “se observan fenómenos físicos y químicos con aplicaciones importantes para campos como la industria y la astronomía”. La microgravedad, en realidad, no es más que la falta de peso que experimenta cualquier objeto en caída libre, cuando no hay nada que se oponga a la fuerza de la gravedad. La situación es parecida a la de ir en un ascensor cayendo desde una planta muy alta; los ocupantes no podrían medir su masa con una balanza porque no habría un suelo firme donde apoyarla.

Aunque lo ideal sería una nave espacial, en la actualidad la microgravedad también se puede obtener por medio de torres de caída libre, cohetes y vuelos parabólicos, de menor coste. El avión realiza una maniobra de ascenso y posterior picado recorriendo una parábola, como cuando la vagoneta de una montaña rusa sube y baja una cima. En el caso del Airbus A300 Zero-G, la aeronave de la compañía francesa Novespace en la que viajarán Sergi y Arnau, el período total de microgravedad en una parábola es de 20 segundos. “Los vuelos se llevan a cabo durante tres días en el Golfo de Gascoña, a la altura de Burdeos –explica Ventura-Traveset-. Cada vuelo consiste en 30 parábolas, y se hacen en series de 5 para descansar”. En total, 30 minutos de microgravedad. Aunque parezca poco tiempo, en realidad los estudiantes cuentan con 90 parábolas, es decir, con 90 oportunidades para poner a prueba el experimento.

Y aquí es donde Arnau se la juega. La estructura que está diseñando en las instalaciones de la Fundación CIM para colocar las jeringas con las que Sergi realizará el experimento de los transportadores ABC tiene que superar unas rigurosas medidas de seguridad. Desde cómo evitar que se les vengan encima los 300 kg que pesa el equipo en el caso de que el avión sufriera un accidente hasta cómo evitar fugas de líquidos que podrían provocar cortocircuitos. “La ventaja de la investigación en el espacio es que te obliga a esforzarte de tal manera que siempre obtienes un retorno para la industria y las personas”, afirma Arnau. De momento, no obstante, tanto Sergi como Arnau se pasan el día colgados al teléfono en busca de patrocinadores. El oficio de comercial no se lo enseñaron en la facultad.

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