Imma Marín y el placer de jugar

Publicado en Little Che en marzo de 2009

Imma Marín

Imma Marín

¿Por qué cuando nos hacemos mayores dejamos de jugar? ¿Es un tabú? ¿No nos parece una actividad seria y madura? En su libro “El placer de jugar” (Ediciones Ceac), la educadora y diseñadora de juegos Imma Marín propone a los padres volver a sentir el placer de jugar y cultivar una actividad que es intrínseca en el ser humano.

¿Qué es para ti jugar?

 

Para mí jugar es una actitud vital. Yo siempre diferencio el juego (play, en inglés) de los juegos (games), que son las actividades. El juego aborda todo el ser de la persona y te coloca ante la vida con una actitud de libertad, placentera y de agradecimiento por lo que eres. Cuando hablamos de placer en el juego siempre hay un matiz, y es que es un placer muy vinculado al esfuerzo de haber conseguido algo, como acabar un puzzle, por ejemplo. Otro factor es el de la gratuidad: el juego no tiene una finalidad en sí mismo, y por tanto, su importancia no está tanto en los resultados, sino en el proceso.

Jugar es beneficioso, pero la falta de juego puede conllevar a trastornos o patologías. ¿Cuáles?

Hay estudios con niños de orfanatos que no han recibido este tipo de estímulos que dicen que son tristes y que tienen menos habilidades motrices, cognitivas, etc. El juego es como el aceite que hace que todos los engranajes internos de crecimiento funcionen. Por el contrario, niños sobreestimulados, con demasiados juguetes, colores, movimientos… tienen poca capacidad de concentración.

¿Compramos demasiados juguetes?

Dicen que el primer año de vida un niño tiene todos los juguetes que necesitaría los tres primeros años. Y que a los tres años ya los ha recibido prácticamente todos. Los niños tienen una capacidad de elección más limitada que la nuestra. El exceso de juguetes es inversamente proporcional a las ganas de jugar. A veces confundimos necesidades con deseos. Antes de que el niño nos pida algo, ya se lo compramos, porque nos hace ilusión a nosotros. Es muy egoísta por nuestra parte, porque en realidad lo que no queremos es hacer frente a sus rabietas y frustraciones. Si nunca le dices “no”, es que no tienes ningún tipo de confianza en que sepa encajarlo. ¿Y cuándo lo va a hacer? ¿Cuando tenga 15 años? ¿Y con qué herramientas?

¿Crees que los adultos ejercemos demasiado control? Hay padres que no dejan jugar a sus hijos en el parque porque se manchan…

Los adultos estamos más cerca de los niños y por eso los tenemos más controlados, lo cual no quiere decir que estén más acompañados. Aunque nos llenemos la boca de grandes palabras y nos gastemos porradas de dinero en juegos, no tenemos interiorizado su valor intrínseco para las personas. Toleramos el juego si se da entre una actividad seria y otra o si el psicólogo nos dice que a través de él el niño aprenderá mejor. Me hace gracia que digan que un juguete es bueno si es educativo, ¡como si pudiera no serlo! Los juguetes que han perdurado y han sobrevivido a las sociedades que los han creado, como los trompos, las canicas, las pelotas o las muñecas, no los clasificaríamos como altamente educativos. ¡Pero alguna cosa tendrán!

¿Y por qué la manía de clasificar los juguetes?

A veces los padres confían poco en su sentido común. Tienen tanta presión –tienen menos hijos y cada vez más mayores- que no pueden ser naturales. Es como si las pautas de crianza que se han ido transmitiendo generación tras generación no tuvieran valor y fueran los especialistas los únicos que saben lo que hay que hacer. Y cuando pares ya sales del hospital con un manual debajo del brazo para saber utilizar al niño…

¿Por qué no jugamos cuando somos mayores?

Por una parte, existe un mensaje cultural que es casi tan antiguo como la Humanidad. A la que las sociedades se organizan y hay dominantes y dominados, el juego, que significa libertad y placer, no es un valor muy cotizado. Las cosas, cuanto más controladas, mejor. Cuando eres niño, se te permite, pero de grande tienes que dejar de hacer “tonterías”. Por otra parte, jugar va muy ligado con la capacidad de jugar, y no nos han educado para eso. La escuela es una gran máquina de estudio, no de gente creativa e innovadora, porque estamos en una sociedad muy competitiva y enseguida tenemos que rendir cuentas.

¿Cómo nos podemos tomar cosas de la vida, como el trabajo, como un juego?

Si el juego es una actitud y está basado en los principios de libertad, placer y gratuidad, las personas que tenemos la suerte de escoger trabajo y hacerlo porque queremos, independientemente de que necesitamos cobrar, seguro que le dedicamos más horas de las que debemos. Es una actitud vital. Pero es que hay gente que no le gusta nada el trabajo y disfrutan con él. Tomarse la vida como un juego conlleva a esto.

EVOLUCIÓN DE LOS JUEGOS

Extraído del libro “El placer de jugar” (Ediciones Ceac)

El juego infantil, igual que otras capacidades, evoluciona desde su nacimiento hasta la edad adulta. En este recorrido pueden diferenciarse tres importantes tipologías de juegos que aparecen en orden cronológico: juegos sensorio-motores, característicos de los primeros años de vida; juegos simbólicos o de ficción, que aparecen sobre los 2 años; y juegos de reglas, a los que se dedican con entusiasmo a partir de los 6 o 7 años. Cabe destacar una cuarta categoría, la formada por los juegos de construcción y disposición, que se desarrolla y evoluciona en paralelo a las otras tres.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s