El sol acababa de ponerse aquel 17 de febrero de 1864 en la bahía de Charleston, Carolina del Sur (EE UU), cuando ocho corpulentos hombres tomaron sus posiciones, prácticamente codo con codo, en el claustrofóbico submarino. El H. L. Hunley se hizo mar adentro únicamente propulsado por la fuerza de aquellos defensores de la causa confederada en plena guerra de Secesión americana.

Faltaban quince minutos para las nueve de la noche cuando John Crosby, oficial de guardia del buque unionista Housatonic, atisbó con sus prismáticos algo en el agua. Al principio creyó que era un delfín, hasta que, incapaz de identificar aquella sombra, dio la alarma. El capitán del navío, Charles Pickering, ordenó abrir fuego contra aquel objeto extraño que se les acercaba sigilosamente.

Ni las armas ligeras ni los cañones disuadieron al Hunley de su cometido. El submarino
estrelló un arpón al que habían acoplado un torpedo con 50 kg de pólvora cerca del timón y la hélice del Housatonic. Luego retrocedió y, cuando se hallaba a unos cincuenta metros de distancia, accionó el mecanismo de detonación. La explosión casi ni se oyó.

Publicado en Historia y Vida en septiembre de 2011
Puedes descargarte el pdf del reportaje aquí

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