Publicado en Integral en agosto de 2007
El Ministerio de Medio Ambiente ha puesto en marcha este verano una campaña para prevenir los efectos negativos de la invasión de medusas en las costas españolas. En realidad, de poco sirve intentar retirar estos bellos organismos cuando ya han llegado a la playa o repartir folletos informativos entre los bañistas si no entendemos que la culpa es nuestra. En efecto, esas molestas picaduras no son más que una de las consecuencias inevitables de haber erosionado el ecosistema marino durante años con la sobrepesca y el turismo masivo, entre otros factores. Es el mensaje principal de “Medusa” (Ed. Plaza & Janés), la econovela del biólogo marino Sergio Rossi y el periodista e historiador Toni Polo. Durante nuestra entrevista, las críticas a la pasividad de las administraciones ante las advertencias de los científicos proliferan tanto como las Gillaia inexpectata, las medusas que en el libro se expanden como una masa gelatinosa por los mares de medio mundo provocando una catástrofe económica y social.

¿Las Gillaia inexpectata existen realmente?
Toni: No existen, son una especie inventada, pero según criterios científicos. No se conocen todas las especies, así que podría existir tranquilamente porque se comportan igual que otras medusas. No queríamos inventar un animal tipo Godzilla, que se come a la gente, porque no se trata de una novela de ciencia ficción.
Sergio: La medusa fue un golpe de gracia. Buscábamos un animal insignificante, pequeñito, pero que pusiese serios problemas a nuestra forma de vida (en el mar, en este caso). No hace falta ir muy lejos para ver lo que está pasando con el turismo, por ejemplo. Te vas al Mar Menor y ves la sopa de medusas que hay. O con la pesca: la intervención de las medusas en la cadena alimentaria hace que los peces desparecen.
La novela está ambientada en el año 2012. Eso está a la vuelta de la esquina…
Toni: Es un mensaje de alerta. En verdad los científicos ya avisaron de que el mar se iba a llenar de medusas en el 2000, cuando todavía no proliferaban en las playas como ahora, pero a nadie le importó. Fue como predicar en el desierto: no se publicó nada en los medios de comunicación porque cuatro medusitas no venden, pero ahora que ya son un problema, entonces se interesan. En el libro, el protagonista, Tomás, se queja de que la Administración le eche la culpa de todo a las medusas para justificar su pasividad ante las voces de alerta de los científicos.
¿Cuál es la causa principal de la proliferación de medusas?
Sergio: La clave de la expansión es el tráfico marítimo. En el planeta existen cientos de especies invasoras y nosotros somos los vectores, los que las movemos de un lado a otro, es una locura. En la actualidad, un barco carga ositos de peluche en el puerto de Shangai, pongamos por caso. Para equilibrar la carga utiliza lo que se llama agua de balance, que la coge de la costa. De allí se va a Génova, descarga los ositos y el agua. El siguiente cargamento es de containeres de tubos de escape que hay que desplazar a Alemania, y de nuevo se carga agua de balance. El agua de Shangai que ha llegado hasta el Mediterráneo ahora se va a trasladar a Alemania.
¿Y cuál es el problema del intercambio de agua?
Sergio: Que con el agua, se llevan todo lo que hay dentro: algas microscópicas, medusas, crustáceos y millones de organismos. Cuando una especie llega a un nuevo lugar donde no tiene depredadores que compitan con ella, encuentra alimento fácilmente. Si además hay una buena temperatura, pues campa a sus anchas y entonces prolifera a lo loco.
¿El calentamiento global también influye en la reproducción de medusas?
Sergio: El calentamiento global en sí no es una causa. Que suba la temperatura del agua no hace que los organismos crezcan más porque para eso necesitan alimento. Pero claro, las medusas sí que tienen ese alimento. ¿Por qué? Porque no hay peces. El agotamiento de caladeros no tiene nada que ver con el calentamiento global, somos nosotros los que pescamos y dejamos al mar sin depredadores que se coman a las medusas. Al no tener un depredador que regule la especie, las medusas empiezan a proliferar, pero es que además éstas son animales muy voraces. O sea: nosotros extraemos peces del mar y las medusas se comen a sus crías y además parte de su alimento. Al final a los peces nos les queda nada, salen apaleados por todas partes…
Si la sobrepesca y las técnicas de arrastre están acabando con algunas especies, ¿entonces los pescadores tienen parte de culpa?
Toni: Cuando empezamos a escribir la novela yo pensaba que la pesca de arrastre, que arrasa por completo el fondo marino, estaba prohibida. Los pescadores conocen el problema, pero sólo hacen su trabajo. Hace poco oí a pescadores de Barbate decir que debían pescar menos porque si no se iban a quedar sin alimentos, sin trabajo y, por tanto, sin forma de subsistencia.
Sergio: A veces caen en sus redes industriales especies en extinción accidentalmente.
Como las tortugas marinas, que son uno de los animales que se comen a las medusas.
Sergio: Más importante es que las tortugas marinas se hayan quedado sin hábitat. Las tortugas no ponen en el mar, sino en playas cerradas, íntimas, donde nadie las moleste. ¿Tú te imaginas una tortuga poniendo en la playa de Castelldefels, entre los niños que juegan en la orilla? Seguro que se han localizado y estudiado lugares donde puedan poner: debe haber unos dos, porque está todo urbanizado… No estoy hablando de erosión, sino de transformación del ecosistema. Pero no va a haber ningún tipo de problema [afirma irónico], la Naturaleza va a continuar su curso, con o sin nosotros, y lo más probable es que lo haga sin nosotros. No hay que ponerse apocalípticos, simplemente saber que algún día viviremos en un mundo más gris.
¿Es cierto que las medusas cada vez aparecen antes en nuestras playas?
Sergio: No, siempre aparecen entre abril y mayo, que es cuando el plancton gelatinoso llega a la costa. Lo que pasa que la gente se pone nerviosa en cuanto las atisba. Durante esos dos meses, llueve, el agua va hacia el mar y se forma el frente, una pared o barrera invisible que separa una zona donde el agua está más salada de otra donde no lo está tanto. Los organismos de mar adentro se quedan allí, mar adentro, pero si no hay agua en los ríos, esa barrera es mucho más débil o incluso inexistente. Entonces las medusas, que se desplazan con las corrientes, no llegan solas nadando para atacarnos, llegan a la costa.
¿El número de medusas aumenta en todas partes por igual o se tienen que dar una serie de condiciones?
Sergio: Aumenta en todas partes por igual. Sin embargo, en lugares como el Mediterráneo se da una condición concreta, que la gente se baña en la playa, a diferencia del Mar del Norte o los fiordos noruegos, donde también hay medusas, pero la gente no se las encuentra porque no se meten en el agua. Las medusas están adaptadas a todas las temperaturas y a diferentes condiciones. Diferentes especies, por supuesto: una medusa del Mediterráneo no sobreviviría en la Antártida.
